miércoles, 22 de septiembre de 2010

Dry Martini, agitado, no removido...

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Creo que la CIA utiliza mi blog para enviar mensajes a sus agentes. Si no es la CIA será Al-Qaeda, el Mossad, el MI6 o los rusos, que antes daban miedo cuando eran la KGB pero ahora tienen nombre de empresa de transportes, SVR. A lo mejor estoy exagerando pero me hacia ilusión incluir tanto nombre comprometedor en el blog. Me pregunto si mi nombre acabará de aparecer en la pantalla de un ordenador del Pentágono. A lo que iba, creo que alguien introduce códigos secretos en los comentarios de este blog. A tal conclusión no he llegado porque se me haya ido la mano con el tintorro sino por un hallazgo efectuado esta misma mañana. En un ataque de autocomplacencia me hallaba releyendo unas entradas de hace casi un año cuando de pronto he visto que una de ellas tenía treinta comentarios!! Si una entrada hubiese recibido treinta comentarios no solo me acordaría sino que me habría hecho una camiseta contándolo. La entrada la publiqué en noviembre del 2009 (para comprobar todo esto pinchad aquí y bajad hasta el nueve de Noviembre) y no tuvo ningún comentario hasta que el pasado siete de febrero un anónimo me dijo hola y me dejó la url de una página. Típico comentario de spam. Desde ese día y hasta hace un mes otras veintinueve visitas me han dejado spam en esa entrada. Yo ya había tenido algún comentario de spam en el blog pero muy raramente y muy repartidos. ¿Por qué tengo treinta comentarios en la misma entrada? ¿Qué tiene esa entrada? ¿Qué ha llamado la atención de los programas de envío de spam o de los servicios secretos mundiales? La entrada en si no es como para que me den el premio Cervantes. Cuento como me hago un porro y hablo del Miki. La foto también es del Miki con cara de llevar tres cañas de más. ¿Será esto cosa del Miki? ¿Tendrá a la Interpol detrás? No me extrañaría ni un cachito. El contenido de los comentarios tampoco permite vislumbrar un posible significado oculto de los mismos. Básicamente todos se componen de frases sueltas seguidas de cientos de urls que pretenden meterme en páginas de casinos, tiendas de relojes falsos, bingos, venta de viagra (no sé como tomarme esto), alargamiento de pene (ni esto), venta de drogas (esto si sé como tomármelo), cupones de descuento, webcams impuras y otras paginas que por el nombre no adivino a saber qué milonga te venderán. También hay un par de tíos cansinos que me sueltan una parrafada, uno para convencerme de que viaje en avión y otro para que pruebe el queso francés Blue d’Avergne. Parece ser que tiene un wonderfull aroma. Que lo pruebe Mata Hari, yo soy más de El Ventero. No sé a vosotros pero a mi me intriga este masivo envío de chorradas localizado en el mismo sitio de manera aparentemente aleatoria y/o casual. Como decía mi abuela que en paz descanse: aquí se cuece algún mejunje. Espero no haber destapado la liebre con este post no sea que mañana vengan a casa unas fuerzas especiales a intentar despegarme del sofá. Odiaría terminar siendo visto por última vez dentro de una camioneta de reparto de la SVR. Quiero suponer que no hay de que preocuparse y que todo será fruto de la casualidad y de mi perturbado cerebro. Esas apasionantes intrigas solo ocurren en las novelas de John Le Carré. En una de esas novelas en estos momentos un asesino a sueldo se me acercaría por detrás, me rodearía el cuello con un fino alambre y me asfixiaría sin dejarme siquiera terminar de escrib
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jueves, 9 de septiembre de 2010

El desayuno de los campeones

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La dependienta me observa de arriba abajo. Parece no haberme entendido. Se lo repito a la vez que enseño un arrugado billete de diez pavos.

-¿Tienes cambio?

Me vuelve a mirar como si me escanease. Tiene unos bonitos y tristes ojos verdes. Esta vez su mirada se detiene en el trapo mojado que llevo arrugado en una mano. Parece preguntarse si el trapo será lo que parece. Al menos ahora si me ha entendido.

-No, no tengo cambio tan pronto, acabamos de abrir- me contesta antes de darme la espalda y empezar a colocar en un cesto las barras de pan recién sacadas del horno.

Vaya por dios. Fumarse un puto cigarro va a ser más difícil de lo que parecía. No me queda otra opción que hacerlo por las malas.

-Pues entonces quiero una barra de pan.

La tipa se gira hacia mí y me mira como si le hubiese pedido el Santo Grial. Con la mejor sonrisa que soy capaz de poner a las siete de la mañana dejo los diez pavos encima del mostrador. En vez de mirar el billete ella vuelve a mirar el trapo que chorrea en mi mano. El goteo ha formado un pequeño charco junto a mis pies descalzos. La panadera de ojos tristes ya sabe lo que tiene que hacer tras colocar las barras de pan. Con el tono de voz que le pondrías a un yonqui que te persigue pidiéndote un euro me cuenta algo que ya sabíamos los dos.

-No quieres una barra de pan.

-No, quiero cambio para la maquina de tabaco, pero a este paso terminará entrándome hambre.

Mi chascarrillo no parece hacerle tanta gracia como a mí. La tipa resopla, masculla algo entre dientes del tipo “lamadrequetepario” y pone una chapata sobre el mostrador. No me molan las chapatas.

-Me vas a llamar pesado pero… ¿me das mejor una baguette?

Que el cliente siempre tiene la razón es algo que la dependienta está a punto de olvidar a juzgar por su mirada. Instintivamente me separo un poco del mostrador por si se le ocurre hacerme tragar la baguette ahí mismo.

-Te has levantado con ganas de tocar los cojones- me suelta con voz de choni poligonera.

-¿Tengo pinta de acabar de levantarme?


Ella comete el primer error y durante un milisegundo algo parecido a una sonrisa cruza su cara. Tras veintitrés horas despierto tengo pinta de muchas cosas pero no de acabar de beberme un Colacao. Algo en sus ojos verdes me dice que ya no me ve como un gilipollas sino como un gilipollas salao. Agarra una baguette, la pone sobre el mostrador y coge el billete arrugado. Cuando lo estira para meterlo en la caja un puñado de arena cae de su interior directamente sobre media docena de magdalenas. Una carcajada me sube desde el alma hasta la boca pero me la vuelvo a tragar temeroso de que la panadera me haga desayunarme seis magdalenas cubiertas de arena. Tras mirar las magdalenas durante unos segundos eternos ella vuelve sus tristes y preciosos ojos hacia mí como si esperase una solución a tal cagada. A mi me entran ganas de hacer un chiste sobre Ferran Adria y la nouvelle cuisine pero tengo muchas ganas de fumarme un piti y no quiero cagarla ahora que estoy tan cerca por lo que me quedo callado como una puta. Ella vuelve a romper el hielo.

- Lo tuyo es muy fuerte.

- ¿Lo mío?

- Si, a ver que hago yo ahora con esto.

- No te preocupes, los guiris se comen cualquier cosa, Spain is different.

- Toma tu baguette y tu cambio y vete a joder a otra parte anda, que me tienes negra.

- Gracias, eres un sol.

Cojo el pan y el cambio y me doy la vuelta ansioso por darle una calada a un Lucky de una puta vez. Recojo el paquete de tabaco de la maquina como si me acabase de tocar la especial en la tragaperras y antes de llevarme el cigarro a la boca escucho lo que llevaba tiempo esperando.

- Oye…….¿porqué llevas unos calzoncillos en la mano?
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kkkk

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Petting

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Mientras yo me entretengo poniendo música en el ordenador y bebiéndome la penúltima cerveza ellos discuten a mis espaldas. Discuten por una soberana gilipollez pero como los dos están borrachos la cosa adquiere un dramatismo que me preocuparía si yo no estuviese también borracho y con pocas ganas de preocuparme. Eso si, de vez en cuando meto baza con mi filosofía de todo a cien o les sugiero que escuchen alguna de mis elecciones musicales para que dejen de darse voces un rato. Asombrosamente en ambos casos me hacen caso y atienden a mi cutreconsejo o mi canción. Están más borrachos de lo que creía. El motivo del drama es que él no la ha llamado cuando quedaron en que sí lo haría. Nada nuevo bajo el sol. Un básico en las discusiones de pareja. Ella se mosquea por algo que hace él y él se mosquea porque ella se mosquea. Y viceversa. Hasta infinito. No tengo gran cosa que decirles para que se calmen aparte de recordarles el clamoroso hecho de que es tontería discutir por algo así cuando solo han pasado tres putos días desde que se conocieron. Entre mi maniqueísmo, mi maña como Dj y las cervezas del Lidl poco a poco se van calmando las aguas. Viendo que la solución está cerca echo un órdago y pongo a todo volumen “La princesa de mis sueños” de OBK. Sé que a él le encanta esta canción y satisfecho compruebo como se pone a cantarla a tres centímetros de la boca de ella, dándolo todo como un triunfito en plena gala de expulsión. Ella se derrite, le agarra por el cuello y le mete la lengua hasta el esófago. Sintiéndome Cupido me voy a la cocina a por la penúltima cerveza y al volver compruebo que siguen más pegados que dos siameses. Sereno no lo haría pero como estoy tres peldaños por encima de la serenidad agarro la cámara y tímidamente les hago una foto. Ellos ni se inmutan, están muy ocupados besándose como si se hubieran conocido hace tres días, así que sigo haciéndoles fotos cada vez más cerca y cada vez con menos pudor por parte de los tres. Ya no soy Cupido, soy el puto Terry Richardson. Me siento afortunado por estar aquí y poder retratar tanta vida. Me siento afortunado, si, pero también me siento un puto desgraciado por ser el fotógrafo y no el modelo.
kk
kkk