lunes, 23 de agosto de 2010

Pufo

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A mi vecino del segundo le quedan como mucho tres telediarios antes de que alguien le meta dos tiros. Yo apenas le he visto el careto a mi vecino en el año que llevo aquí, me he cruzado un par de veces con él en el portal y mis “buenos dias” se han perdido escaleras arriba sin recibir contestación. A mi me la trae floja que no me salude, yo seguiré saludándole por cortesía y porque me da morbo saludar a alguien a quien van a matar. No sé que clase de amistades frecuenta el pavo pero ya va por la tercera vez que alguien lo llama a voces desde el jardín a las tantas de la madrugada. La primera vez pensé que serian unos colegas borrachos pues a las cuatro de la mañana un coche tuneado contra todas las leyes de la estética paró delante del bloque tocando el claxon de manera obsesiva, haciendo ruedas como Raikkonen durante cien metros para dar luego marcha atrás aún más deprisa si cabe y pararse de nuevo frente a la puerta. Mientras tanto el copiloto no paraba de gritar “Tony! Tony! Baja! Baja ostias! Que te queremos ver! Baja cabrón, sabemos que estas ahí!”. Obviamente mi vecino no se llama Tony pero prefiero no dar nombres porque internet es muy hija de puta y paso de ser la siguiente victima. Al final ese día terminó viniendo la policía, sin duda alertada por alguno de los 27 vecinos que estábamos apostados en nuestros balcones viendo el espectáculo. Los malotes se fueron con su coche a trescientos por hora y Tony pudo descansar todo lo tranquilo que le dejase su conciencia. Yo no le di más importancia al asunto pero a los pocos días volvió a repetirse la escena, esta vez sin coche pero con una piba llamándole a voces desde el jardín, instándole también a bajar a la calle. Nunca he escuchado tantos tacos seguidos en boca de una mujer. Yo estaba escondido tras el tendedero y tuve que echar mano del instinto de supervivencia para no reírme cuando ella le gritó: “pinche mamagüevos baja si eres hombre que te voy a cortar las pelotas”. A Tony no le debía de hacer mucha gracia que le castrase una histérica y esta vez tampoco se asomó. La histérica gritó cual Farinelli durante media hora y cuando sus cuerdas vocales no podían más se fue por donde había venido jurando venganza. Aquí ya empecé a sospechar que mi vecino del segundo tenía alguna cuenta pendiente. La tercera vez fue ayer mismo y volvió a repetirse la escena del coche escandaloso y el conductor loco. Después de dar mil voces apenas audibles por encima del atronador volumen del reggaeton que sonaba en la radio y dejarse la goma de las ruedas pegada al asfalto el coche se paró frente al portal y de él se bajaron dos tipos con pinta de haber salido de la peli “The Warriors”. Iban sin camiseta, dejando ver sus músculos hipertrofiados, llevaban más tatuajes que el de Prison Break y por sus voces y aspavientos fijo que acababan de meterse media Colombia por la nariz. Me acojoné un poco y me dieron ganas de meterme en casa y descolgarme por la ventana de atrás con una sabana por si se escapaba alguna bala pero mi curiosidad de gaceto fue más fuerte y tumbado en el suelo del balcón como una sabandija me dispuse a asistir a mi primer asesinato. Los malotes montaron tal pifostio, llamando al telefonillo del segundo hasta quemarlo y haciendo ademanes de ir a trepar por los balcones, que consiguieron que mi vecino por fin saliese de su madriguera. Lo hizo tímidamente por el balcón pero ante los dulces requerimientos de los dos sicarios (baja hijodeputa o subimos a buscarte) no le quedó más remedio que bajar. Según puso un pie en la calle uno de los sicarios le cogió del pescuezo y lo llevó hasta el coche. Lo metieron en la parte de atrás y salieron disparados supongo que en busca de algún descampado. A mi me costo un rato levantarme del suelo del balcón pues estaba muerto de miedo y me temblaba hasta el piloro. Me tumbé en la cama entre sudores fríos y mientras intentaba tranquilizarme no dejaba de pensar en lo que un colega me contó que le habían hecho unos narcos de tres al cuarto a un conocido suyo al que se le había “olvidado” pagar una abultada deuda de drogas. ¿Sabéis lo que es la “corbata colombiana”? No se trata de una elegante prenda hecha con hojas de coca sino de una liquidación de la deuda consistente en rajarle la garganta al moroso a la altura de la nuez y sacarle la lengua por el agujero. Mientras me juraba a mi mismo que nunca me relacionaría con semejante gente y que a partir de ahora iría todos los domingos a misa escuché unas ruedas derrapando y el horrible bombo del reggaeton sonando en la calle. De nuevo me deslicé sibilinamente hacia el suelo del balcón a tiempo de contemplar como una sombra con forma humana salía de la parte de atrás del coche. Nunca he visto a nadie más apesadumbrado. La sombra de mi vecino tardó un par de minutos en recorrer los seis metros que le separaban del portal y una vez ahí apenas fue capaz de meter la llave en la cerradura. Dentro del coche se oían carcajadas pero cuando mi vecino estaba a punto de cerrar la puerta los sicarios bajaron el volumen de la radio y en vez de buenas noches uno de ellos le gritó: recuerda comevergas, tienes tres días! Lo que os decía, tres telediarios.
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martes, 20 de julio de 2010

Burdel

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El otro día acabé en un puti. Así de primeras sé que tal confesión no me deja en muy buen lugar pero no os dejéis llevar por la primera impresión y dejadme que exponga los matices atenuantes. A las tres de la mañana de un jueves cualquiera y cuando ya me había metido entre pecho y espalda unos cuantos Green Dragon (bebida de hombres, mucho vodka con algo de menta y un poquito de nada más) preparados por el mejor barman del mundo, el Miki, decidí irme dando tumbos a mi casita pero ya era tarde, había sobrepasado el punto de no retorno. El bar estaba cerrando y los camareros tenían ganas de fiesta. Resulta que habían planeado acercarse a un karaoke de Salou a hacer un rato el ganso. Yo me opuse con mis mejores excusas pero aquí ya me conocen y saben que insistiéndome un poco me apunto a un bombardeo de la OTAN así que sin mucha gana me encontré dentro del coche de un tipo al que no conocía intentando convencerle de que quitase su mierda de música latina y buscase una emisora heavy. Para que veáis que nuestras intenciones eran inocentes diré que en busca del karaoke íbamos cinco tíos pero dos de ellos acompañados por sus parientas y huelga decir que a ninguna parienta le suele hacer mucha gracia meterse con su cari en un burdel. Finalmente aparcamos delante del karaoke de cuyo nombre no quiero acordarme y entramos en busca de risas y gallitos. Nada más entrar al sitio algo me empezó a oler a chamusquina. El local era muy pequeño, la iluminación recordaba a una mazmorra otomana y los cuatro gatos que había en el garito llevaban camisas desabrochadas hasta el ombligo y cadenas de oro sobre el pecho. Mis sospechas fueron en aumento al comprobar que todas las camareras estaban requetebuenas y llevaban menos ropa que Tarzán. Por aquí es bastante normal que las camareras lleven la falda por encima del ombligo así que intenté dejar mis dudas de lado y me acerqué a la barra a pedirme un Absolut con Sprite. Mis sospechas se volvieron certezas al comprobar que una camarera con pinta de ser Miss Vladivostok 2009 se me acercaba y me miraba directamente a los ojos. Las camareras no te miran nunca a los ojos, mucho menos si están buenorras y tú eres un mindundi. Entre balbuceos conseguir pedir mi copa y cuando Miss Vladivostok me pidió diez pavos por mi cubata por fin supe a ciencia cierta que estaba en un puti. Enseguida fui corriendo a contarle mis temores a los colegas y aunque ellos me decían que todo eran paranoias mías ya soy mayorcito como para saber que pensaban lo mismo que yo pero no querían reconocerlo, especialmente ellas, que habian tenido la idea. Nos hicimos lo suecos y empezamos a decidir qué narices queríamos cantar cada uno. A mi me daba mucha vergüenza quedarme a solas delante del micro pero después de asistir al ridículo de alguno de los puteros del lugar intentando cantar algo de Nino Bravo se me pasó el pudor y me decidí a deleitar a la audiencia con mi aterciopelada voz. Por fin llego mi turno y me encaminé hacia el micro sintiéndome algo a medio camino entre un bufón y una stripper. Desde el escenario tenía una visión más completa del antro y mientras lo daba todo destrozando “La Mataré” de Loquillo comprobé que en el lugar más escondido de la barra había un par de tipos cachas, rapados, superserios, con pinta de haber matado con sus manos a dos decenas de bosnios cada uno, que controlaban todo lo que pasaba en el bar y a los que las camareras no se atrevían a mirar a los ojos. A pesar de tener los huevos atenazando mis cuerdas vocales muy mal no lo tuve que hacer pues al terminar mi actuación recibí el aplauso no solo de mis colegas sino también de unos rusos a los que no me atrevería ni a preguntarles la hora. Cuando todos habíamos hecho el ridículo delante del micro (mención especial a la versión de Jhony Tecno Ska interpretada por el Miki y su hermano Iván) salimos de allí corriendo pues ni el ambiente ni los populares precios eran de nuestro gusto. Unos días después le conté mis sospechas a una lugareña amiga mía la cual me corroboró lo que casi todo el mundo sabe por aquí. El karaoke es una tapadera y las camareras te atienden mucho mejor si te subes a una habitación con ellas.
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lunes, 5 de julio de 2010

KISS

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Despues de ver a KISS en el Azkena puedo asegurar que son los más grandes. Yo a KISS no los había hecho mucho caso nunca porque me parecían una panda de fantoches tocando música moñas. Apenas los había escuchado y solo conocía un par de temas. Uno de los primeros videos musicales que vi de pequeño era de este grupo y recuerdo que senti algo a medio camino entre el asco y el miedo. Me parecía que ser fan de KISS era igual de estúpido que tener como ídolo deportivo a Hulk Hogan. La noche del concierto muchos de los allí presentes llevaban la cara pintada emulando a los componentes del grupo e incluso había algunos fans con el disfraz completo de fantoche y guitarras de mentira. Todos ellos me parecían pardillos sin ningún criterio musical. Mirándolos por encima del hombro yo disertaba a golpe de katxi de cerveza (no pidáis “minis” por ahí arriba que se ríen de vosotros) sobre el sinsentido de adorar a una banda cuya esencia es su apariencia. En plena disertación se apagaron las luces y se desencadenó el infierno. Un infierno habitado por los dioses del rock. Me parece una soberana tontería intentar describir con palabras lo que allí pudimos contemplar. Solo diré que era imposible despegar la mirada del escenario, si pestañeabas te perdías algo. La boca se te quedaba abierta y cuando conseguías cerrarla una sonrisa infantil te cruzaba la cara. Un concierto de rock es un espectáculo y esta gente lo tiene muy clarito. Yo no soy muy amigo de la fanfarria excesiva en los conciertos y me conformo con tres tipos haciendo ruido en un antro de mierda pero lo de KISS es otra cosa. Cada puto euro de tu entrada está bien gastado y mientras ves a Gene Simmons volar por encima del escenario pertrechado con un bajo con forma de hacha y escupiendo sangre solo piensas en lo afortunado que eres por estar aquí y ahora viendo esto. Y cuando llega el final del concierto y los dioses del rock vuelven al cielo te sientes como cuando te acabas un libro que te ha encantado y te da mucha pena despedirte de los protagonistas. Es circo si, pero menudo circo.
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I was made for loving you

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God gave rock and roll to you

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martes, 8 de junio de 2010

Operación bikini

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Llevo un mes apuntado al gimnasio pero no empecemos a chuparnos las pollas todavía pues en esos treinta días solo he aparecido por allí diez o doce veces. Ir al gimnasio solito es aburrido e ir acompañado es tontería porque para hablar es mejor irse al bar. Al menos ya he superado la vergüencilla inicial causada por pasear mi pecholata entre tanto cuerpo hipertrofiado. Todos los gorilas de la puerta de los garitos de la zona (y en Salou otra cosa no habrá pero garitos hay mil) pululan por mi gimnasio y aquello es una orgía de venas hinchadas y gemidos. Todavía no me he echado ningún amigo allí, ni dios me da conversación y por un lado lo prefiero pues casi todos tienen cara de ser los campeones de Trivial de su pueblo. Yo llego con mi mp3 y mi toallita y tras un rato de bicicleta me pongo a hacer pesas y aparatos con la mirada perdida al frente como los caballos de los picadores, no quiero ver a ningún vigoréxico observando como me las veo y me las deseo para levantar treinta kilitos de mierda. El monitor me ha propuesto una tabla de ejercicios pero yo soy algo anarquista también para esto y prefiero revolotear de aparato en aparato dejándome llevar por mis sensaciones. No me dejo llevar del todo pues esas sensaciones casi siempre me incitan a largarme a casa y tumbarme en el sofá. Cuando mis fuerzas flaquean me concentro en el cuerpo de Brad Pitt en El Club de la Lucha y cuando esto no funciona intento recordar lo mal que lo pasé el año pasado en la playa escondiendo la lorza tras el periódico o siendo el único acomplejado que se metía en plena fiesta de la espuma de Pacha con la camiseta puesta. Tras un mes de gimnasio la única diferencia apreciable es que ahora me paso mucho más tiempo en gayumbos delante del espejo. La lorza sigue ahí (odio el cardio) y siendo muy optimista creo que mis dorsales son tres milímetros más grandes. Parte de culpa de esta escasa mejora es que mi gimnasio está en un hotel algo lujoso y el pastón que pago cada mes incluye el acceso a un spa de la ostia. ¿Quién quiere hacerse daño sudando como un pollo cuando puede retozar en agua calentita? La mitad de los días levanto las pesas con prisas para ir corriendo después a tirarme a la piscina, a las aguas termales, a los benditos chorros cervicales, al jacuzzi, al hot tube, al baño turco, etc…. A la sauna que vaya Rita la finlandesa si tiene cojones pero el baño turco es un gran invento. Al minuto de estar dentro me suda hasta el pendiente y, aunque apenas puedo respirar y boqueo como un besugo recién pescado, al salir tengo la sensación de haber eliminado las toxinas de mis últimas veinticinco borracheras. Como el gimnasio cierra a las doce de la noche aprovecho para ir a última hora pues para un tipo criado en pleno secarral de la meseta central es un gustazo tener todo un spa para él solo. Antes de esto la única vez en mi vida que se me ocurrió pasar unos días en un spa tuve una compañía tan maravillosa que a la vuelta estaba más cansado (y contento) que a la ida……mmmmmmmm......¿te acuerdas?
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Gotta get away.........Offspring

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martes, 1 de junio de 2010

ورق المرحاض

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Como los caminos del soltero lejos de su tierra son misteriosos el otro día acabé de farra con tres moros. Yo pensaba escribir marroquíes pero ya que ellos no se sentían a disgusto con el apelativo de moro voy a dejar de lado la corrección política. De los tres yo conocía a uno de ellos del verano pasado, de aburrirnos y divertirnos en el Berlín. Los otros dos eran recién llegados y hablaban castellano con la misma soltura que yo hablo moldavo así que la mayor parte de la conversación discurrió en arabe. En esa lengua yo solo sé decir hola, gracias y cerveza así que estuve calladito y pasé el rato recreándome en desentrañar tan guturales sonidos. Mi colega intentaba traducirme el transcurso de la conversación pero realmente no era necesario, por sus gestos y aspavientos hasta un marciano habría sabido que hablaban de alcohol y mujeres. Tan recurrente charla acabó cuando nos dieron unos vasos de plástico y nos echaron del bar. Contra toda lógica decidimos que no nos íbamos a dormir todavía y acabamos en casa de uno de ellos. Aquí es donde quería llegar. Pasamos el rato como se suelen pasar estos ratos, entre canciones, cervezas y risas. Supongo que a todo el mundo le ha pasado que cuando llevas suficiente alcohol encima las barreras lingüístico-culturales desaparecen y el compadreo florece. En pleno florecimiento del compadreo a mi me sobrevino un severo apretón y tuve que ausentarme un momento. El momento se dilató pues antes de iniciar las maniobras de evacuación fui incapaz de encontrar ni el más mínimo rastro de papel higiénico en el baño. Con la tortuguita a punto de asomar ya la cabecita me tocó volver a salir del baño y preguntarle al anfitrión por el papel. Su sonriente respuesta me estremeció: “No papel amigo….agua…mano…“. Como allá donde fueres haz lo que vieres me pareció una falta de respeto salir del baño y ponerme a buscar como un loco algo parecido al papel así que volví a cerrar la puerta y cariacontecido me senté en la taza a despedirme de mi amigo. A lo largo de mi vida he utilizado para limpiarme el orto cosas peores que mi mano y supongo que incluso en alguna ocasión no he podido ni limpiármelo. Pero siempre habían sido situaciones de precariedad y necesidad absolutas y en un entorno digamos hostil. En medio de la civilización, en un baño totalmente equipado, estando de juerga y encima ingenuamente ataviado con mis calzoncillos de “porsifollo” nunca antes me vi en ese brete. Afortunadamente mi culete se portó y efectuó la maniobra de descarga de manera limpia, tipo mojón y no tipo geiser como me temía. Con un felino a la vez que patético movimiento de mis posaderas salté de la taza al bidet y me dispuse a cubrirme de gloria. Por la falta de costumbre, por la borrachera y porque estaba sentado de espaldas me lié con los grifos y me escaldé las pelotas. Si hace unos días alguno visteis pasar por delante de vuestra casa un par de huevos huyendo que sepáis que son míos. Tras unos chorros de agua, algo de jabón y unos frotes tímidos con la mano izquierda me pareció que la zona cero debía de estar ya reluciente y por fin pude subirme dignamente los pantalones. Misión cumplida. Luego me lavé las manos cual cirujano maniaco compulsivo y salí del baño con la mente puesta en la alianza de civilizaciones.
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Entenderé si alguno no queréis volver a darme la mano.
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martes, 25 de mayo de 2010

Era cierto

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Yo pensando que mi madre lo flipaba cuando antes de mandarme al cole me prevenía para que tuviese cuidadín con lo que me metía en la boca y resulta que tenia razón la pobre. Haberlos haylos. Yo lo más parecido a la droga que probé de crío fue Barrio Sésamo, La Bola de Cristal y el Palo Fumeque, curiosa variedad vegetal con forma de tallo reseco relleno de una especie de pasta blanca esponjosa también reseca. Los chavales nos íbamos a una era a fumarnos el palo entre toses pero con las maneras de un banquero chupando un Cohibas. No recuerdo que el palo tuviese ningún efecto aparte de la sensación de no entender a los mayores. Recuerdo también que sin ninguna motivación estupefaciente sino más bien gastronómica solíamos comernos las flores blancas que caían de unos árboles, no recuerdo cuales, a las que llamábamos Pan y Queso. A mí no me gustaban mucho pero ya empezaba a hacer mis pinitos intentando sentirme integrado en el grupo y me comía las flores sin rechistar. Había casos peores. En mi clase de la EGB había un chaval que se lo comía tooodo. Se llamaba Antonio pero le llamábamos El Caníbal. El Caníbal era un visionario y no contento con beberse el pegamento Imedio y pintarse la lengua con las ceras Manley un día le dio por probar nuevos orificios y se le tuvieron que llevar a urgencias con el tapón del bolígrafo metido hasta la pituitaria. Para acabar con las historietas del cole simplemente quiero hacer una pequeña mención a un jueguecito que practicábamos en clase cuando la seño no miraba. Se trataba de esperar a que algún compañero pendiente de la lección dejase la boca abierta para introducir rápidamente en ella tus dedos sobre los que previamente habías escupido. Era tan asqueroso como suena pero estábamos muy lejos de tener escrúpulos y el juego era entretenido, especialmente si tú tenías buen material por estar constipado. Si el que estaba constipado era otro el juego era algo menos divertido. Mi generación sobrevivió a que tu compañero de clase te metiese un gargajo en la boca, a fumar palos, a comer mierdas y a los inicios de Telecinco. Estamos curados de espanto. Somos superhombres, podríamos comernos el mundo, si quisiéramos o quisiésemos.


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Creo que ahora las canciones viene con publicidad..

Entre dos aguas.....Paco de Lucía
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lunes, 10 de mayo de 2010

13

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jueves, 6 de mayo de 2010

A mí me gusta Ramoncín

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Como un susurro.............Ramoncín
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Un susurro que recorre la ciudad
Así me llega el recuerdo de ti.
Una luz que se quiebra en la oscuridad
Un gemido que rompe el silencio.
Como el aire te quiero para respirar
Sin tus ojos mi cielo no brilla.
Un deseo se apaga buscándote amor
Como una piedra me abandonas sin vida.

No puedo dejar de querer
No quiero cambiarte por nada.
Gritaré hasta que no salga el sol
Moriré si no estás a mi lado.

Quiero ver lo que tu ves
Y tocar lo que tú tocas
Acariciar toda tu piel
Y tenerte en mi boca

No puedo dejar de querer
No quiero cambiarte por nada.
Gritaré hasta que no salga el sol
Moriré si no estás a mi lado.

Como la sangre
Que no tiene por donde pasar
Así se queda mi vida sin ti.
Una luz que se quiebra en la oscuridad
Una lagrima triste no llega a caer.
A mi lado te siento siempre
Por mi espalda te noto llegar..

No puedo dejar de querer
No quiero cambiarte por nada.
Gritaré hasta que no salga el sol
Moriré si no estás a mi lado.

Quiero ver lo que tu ves
Y tocar lo que tú tocas
Acariciar toda tu piel
Y tenerte en mi boca

No puedo dejar de querer
No quiero cambiarte por nada.
Gritare hasta que no salga el sol
Moriré si no estás a mi lado.


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viernes, 30 de abril de 2010

Vida laboral

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Me gusta mi trabajo. No es el que siempre soñé, más que nada porque yo nunca soñé con ninguno a excepción de ser ciclista y ganar el Tour de Francia tras una agónica escapada en solitario subiendo Alpe d’Huez, pero no está mal del todo. Los he tenido mucho peores. Con diecisiete añitos repartía propaganda por todos los buzones de la periferia de Madrid, comiendo bocatas sentado en una acera, meando en portales y cagando en bares. Un año más tarde me pasé el verano recogiendo cartones y barriendo las naves de los almacenes del puto Corte Inglés en Valdemoro. Para el que no las conozca he de decir que estas naves rivalizan con el Pentágono por el puesto de edificio más grande del mundo. Si alguien no me cree aquí está la prueba. Barrerse cada noche esas naves pertrechado con un cepillo y un recogedor le hacen a uno darse cuenta de la inmensidad del universo y de la necesidad de estudiar más. El verano siguiente dejé de barrer y pasé a entumecerme durante ocho horas en un túnel de lavado de cajas de plástico llenas de mierda, también en el puto Corte Inglés. La única vez que se me ha escapado una lagrimita el día de mi cumpleaños fue ese año, pues me pasé tan señalado día tosiendo entre vapores de agua, metiendo y sacando cajas a destajo bajo la atenta mirada y las voces del jefe más hijodeputa que he tenido nunca. Desde ese día hasta hoy he procurado siempre tener libre el día de mi cumple. Acabé tan harto y reumático que decidí dejarlo y me pasé el resto del verano vendiendo polos y Risketos con mi novia en un kiosco de mi pueblo. La novia me dejó y yo me piré a Irlanda a lavar platos y quitar cuatro dedos de grasa quemada en el fondo de marmitas dignas de una fiesta vikinga. El curro era una mierda pero confiaban en mí y esa época sigue estando en el top tres de los mejores momentos de mi vida. Al volver a mi querida tierra empecé de nuevo a currar en el Corte Inglés de los cojones, esta vez como mozo del centro más concurrido de España, el de la calle Preciados. Empaquetar comida en cajas de cartón y repartirlas por todo Madrid eran mis funciones. Ahí es donde decidí ponerme a estudiar caros cursos de fotografía para prosperar un poco y para no dejarme todo el sueldo en la barra del bar. Gracias a esos cursos conseguí entrar al laboratorio fotográfico de la empresa y disfrutar de las broncas del segundo jefe más hijodeputa que he tenido nunca. El curro tampoco era la bomba pero aprendí un montón sobre la perversión humana debido a que la gente no sabía que el carrete con las fotos de su última fiesta sadomaso lo iban a revelar dos tipos enfermos deseosos de carne fresca. Os sorprendería saber lo que la gente es capaz de meterse por el ojete. ¿Alguna vez os han derramado cera ardiente sobre el agujero del culo mientras un tenso lazo de cuerda os deja las pelotas del color y tamaño de una cebolla? A mí tampoco pero sé que es una práctica bastante extendida en algunos circulos. Tras dos años revelando sonrisas y polvos me llegó la oferta de Fotocasa y mandé a la mierda de una vez el puto Corte Inglés de los cojones. Suponía mi primer curro oficial con la cámara en la mano y a mí me sonaba a gloria. Al principio tenía contrato de quince días al mes por lo que me tocó pluriemplearme ya que en esa época yo vivía en pecado con la novia que me había dejado unos renglones más arriba y teníamos que pagar el alquiler. El curro en Fotocasa no lo voy a explicar otra vez porque ya me explayé bastante hace tiempo. Para los otros quince días del mes me salió un curro montando y desmontando escenarios. En este curro me engañaban con el sueldo y también con el trabajo. Te jugabas el pescuezo esquivando los hierros que se les escapaban a los otros fumetas fumaos y te pagaban poco, tarde y mal, si es que te pagaban. Gracias a la burbuja inmobiliaria pude empezar a currar todo el mes en Fotocasa y por culpa de la burbuja inmobiliaria nos despidieron a todos cuatro años después. Luego vino el paro y ahora tengo este trabajo del que os quería hablar hace un rato aunque creo que me he enrrollado un poco. Casi mejor que lo dejo para otro día. Como adelanto diré una vez más que lo peor de mi curro es aguantar a gente sin educación (aunque los que me sacan de mis casillas son los que van de graciosos y que a pesar de no tener ni puta gracia reciben el aplauso de su séquito, con los maleducados cuento hasta cien y se me pasa pero con los que van de graciosos no puedo y algún día me van a poner una reclamación) y que lo mejor de mi curro son las sonrisas del resto de la gente. Hoy he vuelto a ver a Lara, una niña de dos años que está loca por Elmo y que se pasa las horas sentada en su carrito delante del muñeco mientras este se hace fotos con cualquiera. Hoy Lara llevaba puesta una camisetita blanca estampada con la foto que le hice la semana pasada en brazos de su mejor amigo rojo. Me gusta mi trabajo.
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sábado, 24 de abril de 2010

Mudancita

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Tenía ganas de darle un giro radical a mi vida y he cambiado de sitio los muebles del salón. El salón llevaba días con el aspecto de la Zona Cero pues durante semana y media he disfrutado en casa de la presencia de una cuadrilla de currantes que ha modernizado la paleolítica instalación eléctrica y ha hecho desaparecer una chimenea que solo servía para poner la tele encima pues dime tu a mí qué cojones pinta una chimenea de mentira en un apartamento de veraneo. Respirad. Por la cantidad de polvo que dejaron en casa yo diría que los albañiles quitaron la chimenea limándola con un cortauñas pero por el estruendo que montaron sé que lo hicieron a ostia limpia. Para romper la colosal piedra de mármol negro que hacía de encimera y que no había dios que bajara por la escalera aprovecharon a que yo tuviese el día libre, una buena resaca y ninguna gana de salir de entre las sabanas para acometer la faena de desintegrarla a martillazos hasta convertirla en fragmentos del tamaño de un quark. En pleno fragor de la batalla salí de la habitación para asegurarme de que el ruido lo hacían los albañiles y no los jinetes del Apocalipsis pero cuando salí al pasillo había una nube de polvo negro en la casa que ríete tu del volcán ese así que me volví a la cama, me metí una sobredosis de Espidifen y me puse el “Dúo de las Flores” a todo trapo en los auriculares.
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Como os digo los albañiles ya se han ido y aprovechando que tenia que limpiarlo todo he decidido cambiar los muebles de sitio. Iba a enumeraros los cambios y me he dado cuenta de que solo he cambiado de sitio el mueble del salón y la tele. Parece poco pero a mí me llevó una hora de sudar como un nazareno conseguir mover el mueble de una pared a otra. El cabrón es más viejo que la tos y aunque está hecho de contrachapado el chapado debe ser de uranio enriquecido. Cuando conseguí llegar al otro lado del salón descubrí que los albañiles se habían llevado la conexión de la antena a la otra esquina de la habitación, supongo que suponiendo que ahora que no había donde apoyar la tele era de suponer que esta iría en el mueble, bien supuesto, y supuestamente dando por supuesto que el mueble se quedaría donde estaba, mal supuesto. Por eso he cambiado de sitio la tele. La tengo puesta en una especia de taburete de bar junto a la toma de antena porque paso de volver a mover el mueble.
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El siguiente paso es redecorar un poco la casa y hacerla más mía aunque no sea mía. La decoración actual sigue el patrón arquetípico del piso playero, con sus conchas, sus jarrones con arena y piedras, sus motivos florales y toda aquella figurita o adorno que le han regalado a mi madre a lo largo de su vida y que la mujer ha traído aquí por no tirar a la basura. La mejor pieza de la colección es una perdiz disecada pero también tenemos joyitas como un cuerno de toro, un buda de escayola, una botella forrada con etiquetas de puros, dos colmillos de marfil más falsos que un amigo del facebook grabados con lo que parece ser un resumen del Código de Hammurabi y en la cocina una foto enmarcada de un jamón.
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viernes, 23 de abril de 2010

Increíble

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Olé, olé y olé pocholo Simeone. Es una lástima que no os pueda/deba contar todo lo que me pasa. ¿Sabéis eso de que al día siguiente de la borrachera te arrepientes de muchas cosas que hiciste y te hubiera gustado haber estado en otro sitio haciendo otra cosa? Pues eso me pasa a mí hoy……pero al revés. Me arrepiento de todo lo que no me atreví a hacer anoche y quisiera haber estado en el mismo sitio muchas más horas. En fin, hay que tener cuidado con lo que uno desea. A ti que no me lees ya se te habrá olvidado o te estarás arrepintiendo pero yo voy a estar unos días dándole vueltas al asunto. Y lo que me has dicho antes de subirte a tu coche pienso recordártelo hasta que pidas una orden de alejamiento…si no recuerdo mal ha sido algo así como “ciao, tenemos algo pendiente”. No es la primera vez que me haces sentir como el tío más envidiado del lugar pero sí es la primera vez que me dejo llevar y ahora me siento como un idiota por no haberme dejado llevar antes. Eso sí, me da en la nariz que hemos quedado un pelín mal delante de nuestros amigos. A lo mejor nos hemos canteado un poco. Un taburete de bar está hecho para una sola persona, si se sube una encima de otra es probable que a la gente le de por hablar. Que me quiten lo bailao. Mañana me tocará explicarle al Miki porque me fui a casa con él y no contigo pero me la trae al fresco. Ha sido increíble y ya está. Antes de acabar solo quiero recordarte una cosa e informarte de otra aunque ni siquiera sepas que este blog existe. Te recuerdo que me has pedido que te haga unas fotos y te informo de que tengo un chupetón en el cuello.
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Un clásico de mi juventud que viene que ni pintado...

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miércoles, 21 de abril de 2010

Gusanillo

Para una vez que muevo el culo y me voy a la playa de noche a hacer fotos para intentar subir alguna al blog a la vuelta descubro que me dejé el lector de tarjetas en Madrid y que hoy también os quedáis sin foto. Pero como ya me picaba el gusanillo de subir algo aquí os dejo a modo de placebo unas canciones de Placebo. No estoy especialmente orgulloso de este último juego de palabras pero lo tenía tan a huevo que no he podido evitarlo.

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jueves, 15 de abril de 2010

Primavera (soy un moñas)

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Te quiero..... La Habitación Roja
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No me canso de hablar de amor,
es una forma de ahuyentar mi dolor,
no te encuentro y no sé dónde estoy,
te he esperado tanto, te he esperado tanto.

No he aprendido la lección,
lo he vuelto a hacer pero he vuelto a nacer,
te quiero y tengo miedo
pero lo sigo haciendo, pero lo sigo haciendo.

Te quiero tanto,
te adoro y mi llanto
no me deja mirarte a la cara.

Lo he pensado tantas veces
y aunque tú no me quieras,
no lo haré, no, no me dejaré vencer.

Y no es algo premeditado,
me oprime el pecho y no me deja respirar.
Estoy locamente enamorado,
mi enfermedad dura ya muchos años.

Me hace ver cosas que nadie puede ver,
me hace escuchar lo que nadie puede escuchar,
pero a la hora de hablar
tan sólo puedo gritar.

Te quiero tanto,
te adoro y mi llanto
no me deja mirarte a la cara.

Lo he pensado tantas veces
y aunque tú no me quieras,
no lo haré, no, no me dejaré vencer.

Te odio y siento
que he perdido tanto tiempo,
y ahora tiemblo, estoy enfermo.

Lo he pensado tantas veces
y aunque tú no me quieras,
no te importará que yo quiera volar.

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miércoles, 14 de abril de 2010

La chica de ayer

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He visto su preciosa melena rubia cortada a capas cuando aún le quedaban doscientos metros para pasar junto a la tienda. No suelo rezar pero en ese momento he rezado para que tuviese un ticket para ver una foto y aún no había dicho amén cuando he visto que se sacaba un ticket del bolsillo de sus apretados vaqueros. Le he dado gracias al dios de los enamoradizos, me he atusado el pelo, he puesto mi mejor sonrisa y la he saludado con un chulesco “hiii” teniendo mucho cuidado de que no se me cayese la baba. Le he enseñado la foto, ella no se ha gustado (esta chica saldría guapa en una foto aunque estuviese de espaldas a doscientos metros y de noche) y cuando parecía que lo nuestro se había acabado me ha preguntado “do you like working here?”. Era una pregunta inocente pero a mi hormonado y necesitado cerebro le ha sonado a “do you want to fuck me right here right now?” así que me he dejado llevar y le he resumido mi vida antes de preguntar por la suya. Cuando me ha dicho que era de Belfast he visto el cielo abierto y balbuceando le he contado que yo he estado un par de veces allí y que me encantó pues es uno de los mejores sitios del mundo para hacer fotos. Ella no paraba de reírse pues le hacía mucha gracia que cada tres palabras yo dijese “fuck” así que he empezado a decir “fuck” cada dos palabras. Gracias a dios en mi época en Irlanda conocí a bastante gente de Belfast y mi imitación de su acento ha cosechado un gran éxito. Desgraciadamente para ella y sobre todo para mí no soy tan guapo (y vestido de explorador menos aún) ni tan lanzado como me gustaría además de que no podría ser su padre pero sí su tío por lo que ha llegado el dramático momento de despedirnos. Ella sabe de sobra cual es su efecto en los hombres y a mí se me veía el plumero a una legua por lo que cuando le he dicho “nice to meet you” ella me ha contestado, con una caída de ojos que tardaré en olvidar, “I know”. A estas horas ya me habrá olvidado para siempre pero yo sigo aquí, pensando en ella, en su corte de pelo, en sus brackets, en sus ojazos y en todo lo demás. Nunca sabrá que el día que la encontré y la perdí terminé escribiendo sobre ella. Y lo que más me jode es que no sé como se llama, aunque algo tan bonito solo puede tener un nombre, Angel.
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Allá donde estés te dedico esta canción porque eso es lo que has hecho tú conmigo hoy, volverme loco...
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domingo, 11 de abril de 2010

Houdini

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El otro día acompañé a un colega a ver a mi vecina la que vende cosa fina. La tipa es una señora algo mayor que sale de su casa con la bata y las chancletas y mientras pasea al perro hace negocios. No creo que sea una buena señal que sus palabras al verme fueran “hombre, ¿cuándo has venido? ¿hasta cuándo te quedas?” con un timbre de voz que sonaba a caja registradora. Después de verla mi colega y yo nos fuimos al Berlín. En el Berlín ya no está Miki y se le echa mucho en falta. Él tiene curro en otro bar en el que me imagino que también echaré raíces. En lugar de Miki ahora el Berlín tiene como camareras a dos rubias, una con acento argentino y la otra con ojos azules. No está mal. El año pasado el camarero del Berlín acabo durmiendo muchas noches en mi casa. Estaría bien que se repitiera la misma historia este año. Miki puede venir también si quiere.
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Uno de los personajes que había el otro día en el bar era un mago algo borracho que nos impresionó con sus trucos de cartas. El tío era bastante bueno y me dejó flipado acertando cartas o haciéndolas desaparecer de la baraja y aparecer en su bolsillo. Si culito veo culito quiero así que decidí enseñarle al mago mi mejor truco. Hice desaparecer su mechero y lo volví a hacer aparecer en mi bolsillo cuando el mago se había ido. .


kkk

kkk

domingo, 4 de abril de 2010

¿Hay alguien ahí?

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No sé vosotros pero yo ya estoy moreno. Bueno, más que moreno digamos que tengo quemados los brazos, de codo para abajo, el cogote y la jeta. Más el cogote que la jeta porque ya sabemos todos que las fotos es mejor hacerlas de espaldas al sol. Aparte de currar no he hecho gran cosa desde que llegué, más que nada porque dos días después de mi llegada vino mi familia al completo a hacerme una visita y su presencia en casa me cohibe a la hora de malvivir. Además, en mi primera noche aquí, media hora después de aparcar el coche tras 616 kilómetros de travesía, se me ocurrió bajar a comprar pan para la cena, me equivoqué de acera, me encontré con el Miki y con el Jhony y acabé la noche abrazado a una botella de José Cuervo. Al día siguiente era mi primer día de curro y yo llegué con resaca de tequila. Me sentí como un desgraciado one more time y one more time me mentalicé para no repetir los errores del año pasado. No considero un error emborracharme con colegas pero si hacerlo todos los días, más aún si al día siguiente tienes que pasarte ocho horas de pie derecho bajo el sol y más aun si tienes menos dinero que uno que está buceando. Ya os contaré al final del verano como ha ido la cosa aunque seguro que ya os hacéis una idea de por donde van a ir los tiros.
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Escribo esto sentadito en la terraza, con un tinto de verano a la izquierda, un cigarro a la derecha y el sol del atardecer pegándome en la jeta. Mi familia ha salido un rato a armar escándalo a otra parte y suenan los Led Zeppelin en la radio. A gusto lo que se dice a gusto no estoy casi nunca pero en estos momentos estoy muy cerca.
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lunes, 29 de marzo de 2010

En blanco

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Me he vuelto a la playa a currar. Debería tener muchas cosas que contar y de hecho las tengo, o no, lo que seguro que no tengo son muchas ganas. No me pasa nada malo, ningún drama existencial auto inventado de los míos, ninguna razón de peso para excusar mi absentismo bloguero. Pero sentarme aquí me cuesta un huevo y cuando estoy sentado me las veo y me las deseo para escribir tan solo setenta y ocho palabras.
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domingo, 7 de marzo de 2010

Yo estuve allí

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La foto de hoy es posiblemente la más fea que he puesto nunca en el blog. La foto es lo de menos, lo importante es el cartel. He estado haciendo fotos de mi segunda casa, el bar La Calle, y dentro del almacén me he encontrado pegado a la puerta este incunable realizado por Sebas que yo pensaba que se habría perdido con el tiempo. Es el cartel anunciador del primer y creo que último “Cerrock”. No es difícil imaginar que tal evento consistía en irse a un cerro a dar guitarrazos. Fijaos en la fecha, era el año 97. Un año antes habíamos acudido a aquel legendario Festimad (The Smashing Pumpkins, Rage Against The Machine, etc) que supuso el pistoletazo de salida para la avalancha de festivales veraniegos que desde entonces se celebra cada año. Digo esto para dejar bien clarito que los colegas y un servidor estabamos ahí desde el principio, que fuimos pioneros en algunas cosas, al menos en mi pueblo. Pioneros con muchas ganas de hacer cositas distintas, de demostrar que sabíamos hacer algo más que fumar porros. Como he dicho la idea era simple, juntar a gente en un cerro para menear la melena y bailar pogos al son de la música en directo. El cartel lo componían las dos bandas punkis del pueblo, San Juan de Dios y Suburbia. Entre ambos grupo había un pequeño pique por aquel entonces que afortunadamente se arregló muy bien con el tiempo. Los míos eran los Suburbia, más que nada porque yo era el batería, y mientras que los San Juan de Dios le gustaban un poquito más a la gente los Suburbia hacíamos mejor música (el blog es mío y doy la versión que me sale de las narices). Ellos cantaban en castellano y hacían punk kalimochero (dicho sin menosprecio ninguno, yo bailo pogos como el que más) y nosotros cantábamos en inglés y hacíamos una especie de punkrock en busca de un estilo definido pero muy verde todavía. Pero sonábamos bien, ellos y nosotros. Aquel pique se quedó en nada con los años y ahora solo me quedan buenas amistades y un montón de grandes recuerdos tras haber compartido escenario (y cuando digo escenario me refiero a escenarios de verdad pero también a chiringuitos, aceras, matorrales, salones de casas okupas, descampados, antros oscuros, etc) con un grupo mítico de Ciempozuelos como San Juan de Dios. Ellos son míticos y los Suburbia somos legendarios.
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Aquella noche de verano del 97 conseguimos congregar en un cerro bien apartado del pueblo a unos cincuenta o sesenta punkis y no punkis. Teníamos un generador de gasoil que hacia un ruido de mil demonios, un par de pantallas de sonido, tres o cuatro amplificadores, un trozo de cerro más o menos plano para montar el campamento, una hoguera y muchísimas ganas de fiesta. El escenario era otra vez el puto suelo pero ahora rodeados de matas de tomillo y la iluminación no fue un problema pues a los punkis de mi pueblo les das cuatro bombillas, seis metros de cable y tres palos de escoba y te montan un despliegue de luces que ríete tú de U2. También teníamos kalimocho para una guerra y seguro que alguien se llevó algo ilegal. Tocar en un cerro al aire libre utilizando el equipo más barato que has podido comprarte es jodido. Básicamente porque el que toca no escucha la música. Se la lleva el viento. Los que están dándose patadas delante de las pantallas puestas a todo trapo tienen más suerte pero los músicos básicamente tocan por intuición, sin tener muy claro si estarán acompañando bien la canción o se estarán yendo por los cerros, nunca mejor dicho. Además de esto recuerdo que a mi constantemente se me escapaba la batería cerro abajo porque no estaba clavada al cerro y yo talento no tengo pero le pego con muchas ganas. Estos pequeños contratiempos se quedaban en nada cuando veías delante de ti a un montón de gente bailando tu música como posesos en medio de la nada e iluminados por cuatro bombillas y una hoguera. Como colofón a los conciertos ambos grupos nos hermanamos en tan agreste escenario y tocamos juntos un par de temas. Ese solo fue el colofón a los conciertos porque el cachondeo siguió toda la noche (aunque estuvo apuntito de terminar de golpe cuando al Pepelu se le ocurrió avivar la hoguera con la garrafa de gasolina y ocurrió lo que os imagináis) y finalmente la fiesta acabó como tiene que acabar cualquier fiesta punki que se precie, con la llegada del alba y de la Guardia Civil.
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miércoles, 3 de marzo de 2010

Philip Marlowe

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"El sentido común es el defensa que un lunes por la mañana sabe que habría podido ganar el partido si hubiese formado parte del equipo. Pero no juega nunca. Está en los graderíos con una botella en el bolsillo".
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Playback, Raymond Chandler
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jueves, 25 de febrero de 2010

Cobaya

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Creo que ya os he contado alguna vez que me suelo cortar el pelo en una escuela de peluquería que hay cerca de Atocha. No es que vaya de guay, que también, sino que solo me cuesta cinco euros y me siento bastante más atendido que en mi pueblo, donde te clavan doce pavos y en diez minutos te espabilan con el corte de pelo estándar del ciempozueleño medio. En la escuela me tiro una hora sentadito en mi sillón, contando por esta boquita como quiero que me lo corten, cogiendo ideas de catálogos con modelos que estarían guapos hasta con la calva de mi padre y siendo supervisado cada pocos minutos por el profesor no vaya a ser que un alumno fumeta te la líe. Eso es lo malo, si te toca la más lista de la clase te deja tan guapo que no te besas porque no te llegas pero si te toca el más cerril es mejor que te lleves una gorra por si acaso. A mí una vez y por innovar demasiado me dejaron como a Bimba Bose. El corte de pelo en cuestión se llamaba “desconectado” y consistía en una especie de pelo a tazón picasiano, con un flequillo asimétrico que me tapaba un ojo si y otro no. Hay que ser muy pero que muy guapetón para no parecer idiota con ese pelo y a mí me tocó aguantar un pitorreo bastante majo en mi pueblo. Desde entonces no he vuelto a desconectarme el pelo y he seguido caminos menos arriesgados, pelo corto por los lados y revuelto por arriba, un básico. El otro día volví a la escuela para que me podasen un poco y llegué tan pronto que acababan de abrir y yo era el primer cliente-cobaya del día. Me pasaron al lavadero y una simpática alumna llamada Alba me lavó el pelo durante un buen rato. Me chifla esta parte, me encanta meter la breva debajo del agua tibia y sentir las manos de la peluquera sobeteándome. Me relajo tanto que algún día se me va a escapar una baba. Una vez lavadito me dirigí con mi toalla en la cabeza hacia uno de los sillones frente a los espejos y esperé hasta que vino el profesor, me preguntó como me lo quería cortar, me giró un par de veces la cabeza con la mano, me pasó la mano por el pelo y me dijo: “hoy te lo voy a cortar yo y no te vamos a cobrar ¿vale?...chicas venid aquí”. Las “chicas” eran veinte alumnas de primer curso de peluquería ansiosas por asistir a la primera demostración práctica de corte masculino. Menudo papelón. Toda la clase se situó detrás de mí y durante una eterna hora y media estuvieron mirando mi cogote con atención. Yo no sabia donde mirar pues tenía delante un espejo donde veía a todas las chicas y donde todas las chicas podían ver mi cara de “no me da ninguna vergüenza que me miren fijamente veinte chicas, estoy súper bien”. El profesor se tomó con calma la explicación de cada paso a seguir con momentos especialmente bochornosos como cuando dijo “acercaos más chicas” y teorizó sobre los distintos tipos de cabello poniendo como referencia mi débil y escaso pelo mientras las chicas me rodeaban en una especie de melé y yo me maldecía por no haberme restregado los oídos con más fuerza al ducharme. Justo cuando ya estaba a punto de acabar el corte al profe lo llamaron por teléfono y el muy cabrón se largó a contarle su vida a alguien dejando solas a las alumnas. Todos sabemos qué pasaba cuando íbamos al cole y el profesor se piraba de clase, risas, paridas, jolgorio en general y cuchicheos. Todo ello a mis espaldas. Yo intenté participar de ese jolgorio con un chascarrillo que obtuvo un éxito discreto entre la audiencia así que cerré la boquita y me concentré en leerme con sumo interés los ingredientes de la gomina. Cuando el profesor volvió me dio los últimos retoques, me secó el pelo, me lo peinó con cera y como colofón giró la silla para que toda la clase viese el resultado de frente. Esto era demasiado tentador así que no me pude aguantar y pregunté: ¿Cómo estoy chicas? Y por primera y seguro que última vez en mi vida veinte chicas me dijeron a la vez: “estás muy guapo”.

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miércoles, 17 de febrero de 2010

Madriz

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Mañana me voy de vacaciones a…….Madrid. Los que leen estas palabras desde Singapur quizá no aprecien el calibre de este viaje. Yo vivo a 31 kilómetros de Madrid, nací allí, he salido mil veces por allí, he estudiado allí, he vivido allí durante seis años (hasta hace una semana pensaba que eran ocho años) pero es la primera vez que me voy a Madrid de vacaciones. Cuatro días en un pequeño y cuco apartamento de la Latina con mis compañeros de curro de Port Aventura. Una de León, otra de Reus y otro de Sevilla. Ahora mismo me siento como me sentía cuando estaba en el cole y al día siguiente teníamos excursión al Safari Park. Ilusionado, expectante y algo nervioso. Siento también un poco de responsabilidad pues lo último que quiero es que mis amigos se aburran. Yo soy muy simple y siempre que voy a Madrid voy a los mismos sitios a hacer lo mismo. Tendré que emplearme a fondo improvisando y dejar de lado mis escasos principios, si hay que ir a la Joy Eslava se va y punto. Pero ya intentaré yo que las ganas de ir a la Joy se diluyan antes en mil y una cañas en los baretos más grasientos de la capital. Ya os contaré si lo consigo o si termino discutiendo acerca de mis pintas de gitano con un gorila en la puerta del Gabanna.
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lunes, 15 de febrero de 2010

Canguro

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Esta mañana me ha tocado quedarme de canguro con mi sobrinita recién nacida y aunque en un primer momento estaba algo acongojado al final la cosa ha sido coser y cantar. Ana es una muñequita que se pasa el día entero soñando con angelitos y que solo se despierta para comer. Mientras duerme a veces sonríe, lo que unido a su redonda y calva cabecita y a esa paz que desprende la convierten a mis ojos en un pequeño buda feliz. Es un solete, se me cae la baba.
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Durante la comida he comentado la poca guerra que me ha dado mi sobri y mi madre me ha dicho que ha salido a mi hermana, que solo lloraba para pedir el rancho. Luego mi madre se ha empeñado en contarle a mi cuñado que el único hermano de mi única hermana se pasó llorando los primeros nueve meses de vida. Ininterrumpidamente. Con mayor intensidad de madrugada según mi padre. El punto culminante de este no parar de dar el jode tuvo lugar una noche en que mi madre, algo trastornadilla tras meses de no pegar ojo, me cogió en brazos y le dijo a mi padre “ahora mismo lo tiro por el balcón Julián”. Julián debía de estar tan harto de mí como mi pobre madre pero ya que les había costado tres años de esfuerzos conseguir la parejita convenció a mi madre de que era una mala idea deshacerse de mí. Mi padre me cogió en sus brazos y en vez de estrangularme hasta hacerme callar aguantó mis lloros toda la noche mientras mi madre se bebía una marmita de tila en la habitación más alejada de mis llantos. Parece ser que a los nueve meses de vida maduré y ya solo lloraba mucho y no siempre. Después de esta bonita historia mi madre ha seguido amenizando la comida con otro gran momento de mi más tierna infancia. El momento en que yo, que fui el último en llegar, el hermanito pequeño, el mimado, cogí pelusa de mi hermana mayor. Cuando yo digo que soy un miserable…
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sábado, 13 de febrero de 2010

Uno de los nuestros

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Como veréis por la foto apenas me aburro cuando me quedo en casita un sábado por la noche. Harto de naufragar por internet me he bajado al sótano a ver si se me ocurría alguna foto. Estoy un poco tétrico últimamente y mi primera idea era hacer una foto de un tipo cavando su propia tumba pero entre que no me apetecía ponerme a picar en el patio y que no sabia como representar que era una tumba para él y no para su primo Vladimiro al final he desechado la idea. Un cadáver en un maletero era más factible y más gráfico. A lo mejor en la foto no parezco del todo un cadáver pero es que soy muy perro y esta noche no me apetecía morirme. La de la foto es mi mejor interpretación después de no pocos intentos bastante desastrosos. Las primeras veces no me daba tiempo a meterme del todo en el maletero una vez puesto el temporizador de la cámara y en primer plano salía mi culo en pompa. Al séptimo intento ya he sido capaz de meterme felinamente en el maletero teniendo cuidado de dejar el pie fuera no se fuera a cerrar el capó y empezase la auténtica fiesta de coger mierdas con cesta. He tenido que hacer unas pocas fotos más hasta conseguir no salir tenso como un bakala. Calculo que habré entrado y salido del maletero del Kadett unas quince veces. Un planazo para un sábado de carnaval. Si me lo curro puedo presentarme al Record Guinness. En el decimoquinto intento, una vez conseguida una postura creíble y después de escuchar el clic del obturador he salido corriendo ansioso por ver el resultado pero lo que he visto ha sido a una señora llamada Chon con un montón de ropa para tender mirando como su hijo de treinta y tres años salía del maletero del coche en calzoncillos. Mi madre ya sabe desde hace tiempo que soy un poco tonto pero su cara era la de haber pasado de pantalla. Señalando la cámara y el trípode he intentado convencerla de que no soy gilipollas sino que quería hacer una foto de un cadáver en un maletero. Un argumento demoledor. Con cara de darlo todo por perdido y antes de ponerse a tender mi pobre madre me ha preguntado “¿no sales por ahí?” cuando en realidad quería decirme “Miguel Ángel por favor te lo pido, vete a dar una vuelta con alguien antes de que te quedes tonto”. ¿Cómo explicarle que metiéndome en calzoncillos en el maletero hago menos el tonto que si me voy por ahí?

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miércoles, 10 de febrero de 2010

Qué fuerte

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Hoy he descubierto que no estuve ocho años casado sino seis. Qué fuerte me parece. Es una sensación rara, ahora no sé si esos dos años me faltan o me sobran. Esta corrección a mi propia biografía se debe a que hoy he pasado un rato leyendo mi diario. Lo empecé con veintidós añitos cuando estaba en Irlanda y la última anotación la hice con veintiocho primaveras viviendo en Madrid. Al principio lo cogí con ganas, en Dublín todo era nuevo, pero luego todo se enfrió y las últimas anotaciones tienen meses de separación entre ellas. Sin embargo es un completo esquema de cómo me fueron las cosas, por dentro y por fuera, durante buena parte de mi vida. Y me reconforta saber que no he cambiado con los años, sea lo que sea que soy ahora ya venía así de fábrica. Reconforta por un lado y joroba por otro porque también es una prueba de que aquellas cosas que quería cambiar siguen estando ahí. Si creéis que alguna vez me he puesto demasiado melodramático con mis miserias en el blog deberíais leer lo que escribía cuando sabía que nadie lo iba a leer. Santo Dios, a mí la Inquisición! Mis devaneos amorosos tampoco tienen desperdicio, menudo pringao, que manera de no acertar. Una vez leído el diario y con algo de perspectiva puedo decir que durante toda mi vida el drama y la comedia me han perseguido a partes iguales. Como a todo el mundo supongo. Si un día encuentro ganas me gustaría recopilar algunos pasajes del diario, ni muy plañideros ni muy obscenos, para que podáis comprobar que de aquellos polvos vienen estos lodos. Como aperitivo os dejo la única anotación del 06/04/2001:
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No recuerdo por qué llevo puestos dos calzoncillos.
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martes, 9 de febrero de 2010

Liam

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Me ha escrito Liam Mc Auley! No le deis vueltas al nombre porque ni os suena ni debería. Liam es el chavalito de dieciséis años que malvivía con nosotros en Dublín. Liam el “niño”, Liam el “pajero”. Hacía diez años que no sabía nada de él y estaba seguro de haberlo perdido para siempre. De hecho, basandome en sus usos y costumbres de aquella época cabía la posibilidad de que el mundo entero lo hubiera perdido para siempre. Liam era de Belfast y con quince años su familia lo mandó lejos de allí para que aprendiera un oficio y evitar que terminase siendo carne de cañón. En Dublín Liam encontró un trabajo de aprendiz de ayudante de pinche de cocina y mucha más tranquilidad pero mucha más libertad también. Se dio a casi todo vicio conocido a una edad en la que muchos apenas fumábamos porros. La única vez en toda mi vida que la policía me ha despertado de madrugada golpeando la puerta de mi casa fue una vez que Liam salió de fiesta, se puso del revés, para rematarlo se comió un tripi y cuando la cosa empezó a bajar cogió un taxi, se vino a casa, entró a por dinero para pagar el taxi pero se metió en la cama y durmió la mona de veinte pintas de cerveza. El taxista no se atrevió a llamar a la puerta por si al final el borracho esquizoide le partía la cara así que llamó a la policía. Cuando me desperté por el ruido y miré por la ventana vi un taxi, un coche patrulla de la Garda con las luces puestas, dos policías haciendo gestos para que abriésemos y un envalentonado taxista que daba vueltas con cara de mosqueo y hacia aspavientos hacia nosotros mientras ladraba cualquier expresión conocida formada a partir de la raíz “fuck”. Como tengo manía persecutoria instintivamente dudé ¿vienen a por mí? pero no, venían a por Liam o en su defecto a por treinta libras. A Liam fuimos incapaces de despertarlo así que el gabinete de crisis de naciones unidas (un francés y una francesa, un canadiense, un mexicano y uno de Ciempozuelos) acordó poner el dinero entre todos para que nos dejasen dormir tranquilos. Cuando se lo contamos al día siguiente a Liam el muy cabrón se partía la polla pero a la vez estaba jodido por haberse perdido la escenita con él en coma en la parte de debajo de una litera, dos maderos dándole voces y zarandeándole y sus cinco compañeros de casa decidiendo si pagan la deuda o lo entregan a la policía.
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Pues bien, ese Liam, el “niño” al que daba por perdido o por algo peor, me ha encontrado por el facebook y me cuenta que vive en Belfast, que tiene una estupenda mujer llamada Jenny, una casa y un trabajo como chef. También tiene a Emma, una niña de seis años que según sus propias palabras “is the best thing that ever happened to me“.

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domingo, 7 de febrero de 2010

¿Dónde os metéis?

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19:05. Llego a casa de Coco con una botella de ron Almirante y dos bolsas de hielo. Me abro una cerveza y antes de darle el primer trago Coco me pregunta si me quiero enchufar. Le digo que no, apenas llevo una hora despierto desde la siesta y no creo que me vaya a sentar bien. Prefiero beber algo antes. Coco se enchufa, coge una cerveza y un puñado de comics de Asterix y nos pasamos un rato hablando de lo malas que son las versiones cinematográficas del comic y el miedo que nos da que la inminente película de Tintín sea un fiasco. Entre cervezas y criticas cinematográficas se nos pasa un buen rato.
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20:30. Llega Blas con otra botella de ron Almirante y cara de haber intentado dormir la mona tras las cañas mañaneras sin haberlo conseguido. Efectivamente nos cuenta que como no se podía dormir se ha ido a Chinchón a fumarse un peta y beberse un gintonic. Se enchufa para ver si se le pasa el dolor de cabeza, como no se le pasa se toma un paracetamol y se hace un peta.
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21:00. Abrimos una botella de ron, yo me lo pongo con limón y estos con coca-cola. Coco pone el Tekken en la play y le da al vicio durante un buen rato con Blas. Yo no juego, nunca he tenido play ni videojuegos y soy un autentico paquete.
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21:30. Llega Epi con una cara bastante parecida a la de Blas. Se prepara un pelote, se hace un peta, coge el mando de la play y funde a estos. Me insiste tanto para que juegue que al final echo una partida contra él. Mi contrincante es un oso panda. Yo elijo una luchadora con pinta de buenorra pero la jodia está tan bien hecha que es fácil desconcentrarse de la pelea por mirarla el tanga. Me cae la del pulpo.
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22:00. Empieza el fútbol, Real Madrid-Español. El Madrid mete el primero muy pronto y se pierde un poco de emoción. Aparece Elmo, el hermano de Coco y se une a la tertulia futbolera. Nos cuenta que le van a clavar 500 pavos por el vestido de comunión de su niña. También nos cuenta que en su boda acabaron pegándose con los de otra boda.
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22:45. Descanso del partido. El tema se acaba y hay que llamar al hombre. Tarda diez minutos en llegar. Pasa un momento a casa y se va con prisas porque le esperan en otro sitio.
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00:00. El Madrid ha ganado 3-0. Elmo se va y llegan Triki y su novia Zoe. Epi también se va a su casa porque esta harto de esperar a su novia que le dijo hace dos horas que estaba al caer. Ponemos un documental de Joe Strummer en la tele pero apenas le hacemos caso porque todos estamos muy habladores. Llega la novia de Epi. Le decimos que ya se ha pirado y cuando ella le llama el ya no contesta al teléfono. La pobre se va por donde ha venido.
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01:00. Zoe no parece estar muy agusto entre tanto tío con ganas de hablar y de fumar y dice que se va. Su novio dice que se queda. Abrimos la segunda botella de ron.
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02:00 Tenemos la primera idea brillante de la noche, echar un poker. Nos hemos quedado sin tabaco así que con ninguna gana cojo el coche y me voy al Swing. Pillo un par de paquetes de Lucky y me alegro de no haber salido hoy por los bares. En el Swing no hay un alma aparte de las dos camareras rumanas y un tipo jugando a la tragaperras.
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02:10. Al llegar a la timba con los dos paquetes de tabaco soy recibido como un heroe. Coco tiene tapete y fichas de casino lo cual hace bastante mas cool la partida. Decidimos disfrazarnos. Blas se pone una gorra de pueblerino, Coco un sombrero de ganster, a mi me toca una gorra enorme que me pongo de lado como un latin king y Triki se coloca un gorro verde de duende que lleva incorporada una barba pelirroja. Nos hacemos el enésimo pelote y empezamos a jugar. Jugamos al texas holden porque ahora todo el mundo juega al texas holden. No me salen buenas cartas así que la primera vez que me salen un 9 y un 10 del mismo color me la juego y sigo subiendo por si cae la escalera. Coco entra al trapo y sube mi apuesta. Dos cartas más sobre la mesa, una J y una K. Subo más, si la última carta es una Q me lo llevo y sé que va a salir una Q. Sale un 6. Me quedo con una mano delante y otra detrás. Apenas veo a Coco trás su montón de fichas. Triki y yo intentamos imponer nuestro gusto musical, el quiere escuchar a Nirvana y yo a Led Zeppelin. Salomonicamente Coco decide no poner nada de eso sino la peli de La Naranja Mecánica como hilo musical. La gorra de latin king no me trae suerte. La cambio por una chapela con ikurriña bordada y pillo de mano dos Q. Quemo mis naves yendo con las pocas fichas que me quedan. Suena la flauta y con dobles parejas de Q y 4 repongo un poco mi patrimonio.
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06:05. No me queda ni una ficha. Pregunto la hora. Antes de que alguien proponga una pésima idea decido largarme y estos me secundan. Nos llevamos la basura, dejo a Triki en su casa y me voy en busca de mi cama. Me lo he pasado bien.
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martes, 2 de febrero de 2010

Lomo

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Si esto fuese un blog de fotografía hoy mismamente podría hablaros de las Lomo, esas pequeñas y rudimentarias cámaras de origen soviético que generaron una apasionada corriente de seguidores al popularizarse su uso en todo el mundo tras la caída del Muro de Berlín (juro que esto que acabo de escribir no lo he copiado palabra por palabra de ningun sitio). Con una de estas cámaras con nombre de embutido se consiguen imágenes saturadas de color, desenfocadas, sobreexpuestas y viñeteadas. Fotos sin pretensiones, frescas, chillonas. De la necesidad se hizo virtud y los defectos se convirtieron en un estilo propio sobre el que ahora gira una moda que mueve exposiciones, seminarios, congresos, etc. Todo esto y poco más lo podría desarrollar aquí si esto fuese un blog de fotografía........pero aquí venimos mayormente a hacer el payaso así que lo más importante que quiero que conozcáis acerca de las Lomo es que uno de sus dos inventores se llama Michael Panfilowitsch Panfiloff. En serio. Camarada Panfiloff. Entre risas he contrastado mis fuentes pues no me lo podía creer cuando lo he descubierto. No sé lo que significará Panfiloff en ruso pero lo que si sé es que si este tío ha venido alguna vez de vacaciones a España aún se deben de estar riendo en el hotel.
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